Su intenso trabajo durante la COP20 en Lima le valió su merecido reconocimiento posterior en la celebración del Acuerdo de París. Incluso cuando ya no es ministro de Ambiente de Perú, incluso cuando ya no es el presidente de la COP, Manuel Pulgar Vidal continúa acompañando su caminar por los pasillos de la conferencia con saludos, charlas e intercambios de ideas con aquellas personas que se acercan a saludarlo.

Incluso cuando hoy, en su nuevo cargo de líder de Clima y Energía del Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF), no tiene que estar entre foto y foto, entre conferencia de prensa y otro side-event, Pulgar Vidal se muestra tan activo y determinante sobre la acción climática como a lo largo de sus años de carrera por el ambiente: “Cada puesto de trabajo y responsabilidad tiene su propia adrenalina”. Entre esos saludos, charlas y fotografías, conversamos con él en Marrakech.

¿Cuánto cree que contribuyó el trabajo realizado en Lima (Perú) para que el Acuerdo de París sea finalmente posible en 2015?

Lima contribuyó porque el Llamado de Lima a la Acción Climática incorporó nuevamente, luego de mucho tiempo, el concepto de “responsabilidades comunes, pero diferenciadas” que era probablemente uno de los artículos más controvertidos y ayudó a definir algunos de los elementos que luego vinieron cotejados en proceso. Pero, a su vez, creo que Lima tiene una gran virtud: traer a la mesa la agenda de acción climática de los actores no estatales, reunidos casi en el formato que únicamente solían hacer los Estados. Eso ayudó a generar esa atmósfera de confianza que Francia replicó. Hubo mucha inteligencia en la diplomacia francesa en trabajar en conjunto entre un país desarrollado y un país en vías de desarrollo para avanzar hacia el Acuerdo de París. Soy un creyente en los procesos y creo que el proceso del Acuerdo de París es irreversible.

¿Qué otros factores participaron de ese proceso hacia el Acuerdo?

El Acuerdo de París fue posible porque se dieron un conjunto de condiciones que recuperaron el proceso desde Copenhague hasta París. Entre esas condiciones se encuentran los INDCs. Fueron un elemento que construyó confianza porque se les dio libertad a los países para que definan sus esfuerzos de mitigación, pero, a su vez, el balance mitigación y adaptación permitió que los países en vías de desarrollo incorporen elementos de adaptación. Los primeros compromisos para las finanzas climáticas también fue un elemento central, sumado a las señales políticas dadas por Estados Unidos en su compromiso con el cambio climático y las alianzas entre países China-Estados Unidos, China-Francia. Fueron todos elementos que permitieron que el Acuerdo de París se alcance.

¿Por qué el Acuerdo de París es bueno?

Primero, porque tiene un gran umbral. El hecho de que haya una referencia expresa a 1.5°C, con toda la complejidad que implica llegar a esa meta, es fundamental. Segundo, tiene objetivos de descabonización y resiliencia, lo que le da balance a la mitigación y adaptación, aunque soy consciente que aún queda mucho por desarrollar allí. Tercero, el proceso de los INDCs a los NDCs ha hecho que el Acuerdo de París sea alcanzable, hay un elemento de gradualidad. Los Estados van a ir asumiendo nuevas formas de hacer que el Acuerdo de París se vuelva exigible gradualmente y eso es bueno porque a veces los procesos no tienen tiempo de madurez para que, alcanzada la meta, se puedan cumplir sus objetivos. A su vez, si bien es cierto que necesitamos claridad en términos de las finanzas climáticas y la transferencia tecnológica, están reflejados allí. Por lo que el Acuerdo de París tiene todos los elementos de ser un buen acuerdo. Soy consciente que en su implementación tenemos muchas cosas que desarrollar.

¿Cómo estamos hoy entonces en la COP22 en Marruecos?

El Acuerdo de París es un marco, pero ahora en esta COP22 en Marrakech tenemos que empezar a desarrollar los elementos que lo hagan exitoso. Marrakech no debe ser entendida como una COP transicional, no como el hangover de París, sino que hay que entenderlo como el nuevo paso del proceso porque aquí se empiezan a generar las reglas sobre transparencia, contabilidad, registro, vinculadas a la manera de cómo los NDCs se irán convirtiendo en políticas públicas. La vieja frase de “piensa globalmente, actúa localmente” creo hay que pasarla a “piensa colectivamente, actúa domésticamente”. En Marrakech estamos construyendo ese puente entre un acuerdo que es global y un conjunto de obligaciones que son domésticas.

¿En qué aspectos considera que se debe avanzar en estas dos semanas?

Mucha voluntad en relación al diálogo facilitativo porque tenemos que mantener el momentum y hacer que la voluntad política se oriente a la implementación gradual de la exigencia del Acuerdo de París. Si empezamos a trabajar y a tener resultados en Marrakech en este tipo de temas, se habrá dado un avance importante.

Algunas personas suelen descreer de la real acción frente al cambio climático de las negociaciones, ¿qué respuesta tiene ante esa visión?

Hay dos maneras de llegar a la gente respecto de lo que se está haciendo. El primero es el más evidente: el cambio climático nos golpea día a día y la gente lo sabe, lo siente. La gente tiene cada vez más conciencia de por qué se están generando estas consecuencias y cuál es, de manera general, la obligación que deberíamos tener. Eso deriva en lo segundo: estamos en un proceso en el que los mercados, las economías, la forma en la que las empresas hacen los negocios, los ecosistemas, los patrones y las preferencias de consumo van a cambiar; entonces, si no hacemos algo ahora, se nos va a pasar el tren. La clave, en especial para los países en vías de desarrollo, es empaquetar todos estos conceptos en un nuevo paradigma de desarrollo.

¿Cómo ve el actuar de los países de América Latina en esta conferencia?

Hay que ser sinceros con América Latina: es una región que no ha estado, lamentablemente, tan unida en el debate climático como debió haber estado. Quien ha mostrado un ejemplo de trabajo regional concentrado es África, es un grupo sólido. En cambio América Latina está dividido en distintos grupos de negociación, resultado de tensiones ideológicas internas. Sin menospreciar a los otros grupos, AILAC es un ejemplo de grupo que ha crecido rápidamente y se ha mostrado efectivo. La región tiene aún que recuperar esa manera integrada de cómo se pronunciaba en el pasado. No lo está haciendo por ahora.

¿Por qué luego del Ministerio de Ambiente en Perú y la presidencia de la COP20, decidió pasar a ser miembro de WWF?

Vengo de un mundo de organizaciones de la sociedad civil, previo al ministerio. Mi origen es un grupo de la sociedad civil en la parte ambiental, en una organización que desarrolla fuertemente políticas ambientales y que se ha consolidado en el mundo del derecho ambiental como una de las más sólidas de la región. Recibí incluso luego propuestas de volver a participar en el sector privado, pero mi aproximación profesional es por el interés público. Luego me ofrecieron ser ministro por mi especialidad y creo que los ministros de ambiente en los países en vías de desarrollo tienen que ser muy atrevidos porque todavía nuestra gobernanza no está preparada para que esto sea transversal. Entonces uno tiene que actuar con mucha energía. Habiendo estado tan involucrado en el debate climático, a WWF lo conozco desde hace muchos años. Primero estuvo muy involucrada en conservación, luego en derechos de las poblaciones indígenas y al debate sobre cambio climático, situación que responde también al debate global. Eso me animó a ser parte de la organización porque hay representatividad. Las organizaciones en los distintos países reflejan la realidad del mundo. En esta época de implementación, creo que WWF puede jugar un rol aún más importante del que ya jugó.

¿Considera que el rol de las organizaciones ha incidido en lo acordado en París?

Si tu tratas de pensar que hay una sola persona que es capaz de saber todo lo que ocurre en el debate climático, está mintiendo, no existe. En los logros del Acuerdo de París todos hemos aportado: organizaciones, sociedad civil, los Estados, el sector empresario, los organismos multilaterales, la ciudadanía. Ha sido un proceso de construcción colectiva.

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