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“No puede haber desarrollo sostenible sin el desarrollo de energía sostenible” -Margot Wallström

Cuando nos referimos al cambio climático actual, es decir, el originado por causas antropogénicas,  es como si estuviéramos relatando una crónica de una muerte anunciada. A partir del impulso que tuvo la Revolución Industrial, los científicos más respetados del mundo comenzaron a analizar escenarios  futuros en donde evidenciaron que si la humanidad seguía promoviendo una economía exponencial en un planeta limitado, de seguro íbamos a caer en profundo abismo.

La maldición de la explotación, comercialización y uso del “oro negro” ha generado un aumento sin precedentes de las emisiones de gases de efecto invernadero al día de hoy (se estima que ha aumentado un 30% más respecto al siglo XX), conllevando a graves inestabilidades en el sistema climático, natural y humano.

Nuestra economía y desarrollo actual se basan en la fósil-dependencia, pues más de 3.000 millones de personas en todo el mundo dependen de la “biomasa tradicional” o carbón como principales fuentes de energía y más de 1.400 millones de personas no tienen acceso a la energía moderna. Dicho lo anterior, también es importante destacar que el consumo global de energía, aumentará por encima de un 40% entre el año 2006 y 2030, haciendo especial énfasis en las naciones desarrolladas. El 70% de la demanda energética global es consumida actualmente en las ciudades, donde la mitad del mundo vive y la cual aumentará sustancialmente para el año 2050, donde se prevé que más del 70% de las personas del mundo vivirán en ellas.

No se puede pensar en un mundo con energías renovables, mientras sigamos siendo dependientes de los combustibles fósiles.

Por lo anterior, es necesario hacer un replanteamiento de cómo se obtiene, se utiliza y se conserva la energía y los recursos naturales, factores clave para mitigar el cambio climático y alcanzar un crecimiento verde, el cual considere a los sistemas socio-ecológicos como principal motor de desarrollo: en la naturaleza esta la solución a esta crisis global.

Posterior a realizar este replanteamiento, es ineludible reforzar un consenso internacional para que los Estados busquen energías renovables y obtengan una óptima eficiencia energética, financien investigaciones que permitan desarrollar nuevas tecnologías en combustibles y otras formas de energía. Es necesario también que reduzcan el consumo de combustibles fósiles y se preparen para asumir un futuro sin petróleo.

El Acuerdo de Paris responde a un punto de partida en la transición combustible fósil – energía renovable, sin embargo la brecha (económica, política y social) que aún existe entre los países desarrollados y en vías de desarrollo puede poner en peligro el avance adecuado del acuerdo (sin embargo, esto es algo que solo veremos dentro de unos 10 o 15 años, muy tarde para la velocidad con la que el cambio climático se nos está acercando).

La responsabilidad de los Estados que se han comprometido con el Acuerdo de Paris a través de su firma y ratificación nacional, es tomar medidas no solo para una reducción de emisiones sino también a una promoción de diversos tipo de energía que sean más sostenibles y generen calidad de vida en sus territorios.

Es tiempo de darle ese impulso que las energías renovables necesitan para ser las que suministran ese ingrediente básico a las ciudades del mundo (mientras más tiempo pase, más megaciudades tendremos, más energía necesitaremos y más contaminación generaremos). Esa disposición política y económica para hacer de las renovables, la nueva fuente de poder; recaerá en la presión ciudadana. ¡Las comunidades son las que tienen las respuestas en sus manos!

Maria Eugenia Rinaudo Mannucci

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